jueves, 29 de julio de 2010

Santo Job


Nuestra oficina está en una zona en la que hay varios edificios de oficinas, todos ellos de bastante altura para lo que suele verse por aquí. Nosotros estamos en la planta 10 de uno de esos edificios, y por encima ya solo tenemos la azotea que es donde está la cantina.
Al llegar a la entrada del edificio coincido con otras 5 personas occidentales, creo que franceses, pero vienen a otra empresa.

Hoy tengo bastante trabajo pero sobre todo que en algunos casos tengo que poner de nuevo a prueba mis límites de paciencia. Hablo con Alberto y a él le ocurre lo mismo, es la tónica general con esta gente... Cosas que les dices n veces y siguen haciendo lo que les da la gana, agotan a cualquiera.

Con esto de la diferencia horaria me han puesto una reunión telefónica a las 13:30 así que tengo que retrasar la comida. Mukesh y cia se van a comer cuando yo empiezo la reunión y yo hago la propio cuando acabo, pero esta vez voy solo.
Ya es tarde, alrededor de las 14:30, así que la cantina está prácticamente vacía. Pido mi pollo manchurian y me voy a una mesa.
Empiezo a comer y de repente veo a Raja haciéndome señas dos mesas más adelante. Ya cojo la bandeja y me voy con él.
Me dice que me ha llamado cuando me ha visto pasar pero que no le había oído. No me extraña lo más mínimo porque siempre habla para el cuello de la camisa y me cuesta horrores oirle y entenderle.

A las 19:00 recojo, de nuevo nadie se viene conmigo, aunque Mukesh llama al conductor para que le pase a recoger a las 22:00. Hoy parece que va a pegarse la currada..
Cuando salgo del edificio está cayendo una tremenda, llamo al conductor para que se acerque con el coche por la puerta y en cuanto llega voy corriendo hacia allí.

Camino de casa, en un cruce, Dilip (es como se llama el conductor) mete el morro del coche poco a poco para que los que vienen de la derecha paren y le dejen pasar. La típica jugada de por aquí, meterte como quien no quiere la cosa hasta que estás en medio y ya la gente te tiene que dejar pasar. Lo que consigue es que un autobús esté a punto de llevarnos por delante, porque como en España, los autobuses al ser más grandes se olvidan del resto, ellos siempre tienen preferencia. En este caso al autobús al final no le queda más remedio que parar, pita un poco y Dilip tan tranquilo consigue pasar el cruce.

Ya en casa espero a que pare un poco de llover para acercarme al gym. En los 3 minutos escasos que tengo andando desde casa me toca saltar unos cuantos charcos gigantes de agua.

El otro día compré en el super unos kiwis que tenían muy buena pinta. Hoy para cenar me he tomado el último y tengo que reconocer que estaban buenísimos. Hacía mucho tiempo que no comía unos kiwis tan ricos, porque en España parecen piedras que no maduran ni pasados dos meses.
Estos me han recordado a los que me dieron Juan y Sevi en Asturias una de las últimas veces que estuve por allí. Aquellos eran recién cogidos de la planta que tienen en el patio.




2 comentarios:

  1. Supongo que quedaras saturado de india e indios por lo menos por una temporada

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  2. Eso es porque no has ido a la frutería que te recomendé :P

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